Trump y Rubio buscan el fin del control comunista pero sin una catástrofe, según The New York Times

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El gobierno de Donald Trump estaría moviendo nuevas piezas frente a Cuba con un objetivo político más amplio que las sanciones habituales.

Según un reportaje del New York Times, la Casa Blanca busca acelerar el fin del control comunista en la isla, pero sin empujar al país hacia un colapso total. La estrategia tendría como figuras centrales al presidente estadounidense y al secretario de Estado, Marco Rubio.

Washington aumenta la presión sobre La Habana

El diario neoyorquino sostiene que Trump y Rubio quieren presentar un resultado concreto ante la política cubana: el fin del dominio comunista en Cuba.

“El objetivo principal de Trump y Rubio es inequívoco: quieren poder afirmar que Estados Unidos terminó con el control comunista de Cuba, pero sin empujar al país hacia el caos completo”, señaló el New York Times en su análisis.

La publicación describe una ofensiva que combina sanciones económicas, presión diplomática, medidas energéticas, operaciones de inteligencia y posibles acciones judiciales contra figuras históricas del régimen cubano.

El punto más sensible estaría en la intención de avanzar con una acusación federal contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996.

El caso de Raúl Castro vuelve al centro

Según el reporte, fiscales federales en Miami trabajan en la preparación de ese caso. La acusación estaría relacionada con el ataque contra las aeronaves de Hermanos al Rescate, en el que murieron 4 personas.

Ese episodio marcó durante décadas la política de Estados Unidos hacia Cuba. También reforzó el peso del exilio cubano en Miami dentro del debate político estadounidense.

Para la administración Trump, una eventual acusación contra Raúl Castro tendría un doble mensaje. Por un lado, elevaría el costo político para la élite cubana. Por otro, respondería a sectores del exilio que reclaman una línea dura frente a La Habana.

Aunque Raúl Castro ya no ocupa formalmente la presidencia, su figura mantiene un enorme peso simbólico dentro del sistema cubano.

La visita del director de la CIA a Cuba

El New York Times también vincula esta estrategia con la reciente visita a La Habana del director de la CIA, John Ratcliffe.

Según el reporte, Ratcliffe habría transmitido exigencias directas al gobierno cubano. Entre ellas estarían el cierre de supuestas estaciones de espionaje rusas y chinas en la isla.

También se habrían planteado demandas relacionadas con una mayor apertura económica. Ese punto resulta clave en un país golpeado por apagones, escasez de combustible, inflación y salida masiva de población.

La visita de un jefe de la CIA a Cuba representa un hecho de alto impacto político. No solo por la historia entre ambos países, sino por el momento en que ocurre.

Una transición sin vacío de poder

La idea central de Washington, según el periódico, no sería provocar una caída desordenada del sistema cubano.

La Casa Blanca intentaría presionar al régimen hasta forzar concesiones o una transformación política, pero evitando una crisis humanitaria aún mayor.

Ese equilibrio resulta difícil. Cuba atraviesa una de sus peores etapas económicas en décadas. La falta de combustible afecta el transporte, los servicios básicos y la vida diaria de millones de personas.

Una ruptura brusca del poder podría generar más migración, desabastecimiento y tensión social. Por eso, los funcionarios citados por el New York Times hablan de presión extrema, pero también de control del escenario posterior.

Rubio y el peso del exilio cubano

Marco Rubio aparece como una figura clave en esta política. Su origen cubano y su trayectoria política en Florida lo colocan en una posición central dentro de la estrategia hacia La Habana.

Para el exilio cubano más duro, la presión contra el régimen sigue siendo una prioridad histórica. Esa comunidad ha influido durante años en la política de Estados Unidos hacia Cuba.

El gobierno de Trump parece intentar responder a esas demandas sin perder de vista los riesgos de una desestabilización total.

El propio diario señala que Washington observa con atención lo ocurrido en Venezuela en enero de 2026. Algunos funcionarios consideran que parte de esa experiencia podría servir como referencia para Cuba.

Cuba no es Venezuela

Varios analistas advierten que el caso cubano tiene características diferentes.

La estructura política, militar y de inteligencia en Cuba ha demostrado una alta capacidad de resistencia ante presiones externas. También mantiene mecanismos de control social muy arraigados.

La Habana ha sobrevivido a crisis económicas severas, sanciones, aislamiento diplomático y protestas internas. Por eso, una estrategia de máxima presión no garantiza resultados rápidos.

Frank Mora, exembajador de Estados Unidos ante la OEA, dijo al New York Times que Trump “está frustrado” porque no ha logrado todavía los resultados esperados en Cuba. Según Mora, por eso “están apretando las tuercas” para forzar concesiones.

Una etapa decisiva para la isla

El reportaje deja la impresión de que Washington considera que Cuba ha entrado en una fase crítica.

La combinación de escasez de combustible, apagones, deterioro económico y presión internacional coloca al gobierno cubano bajo una tensión creciente.

Sin embargo, el objetivo declarado por las fuentes citadas no sería empujar al país hacia el caos. La apuesta sería forzar cambios en el sistema y reducir el control comunista sin abrir un vacío de poder.

Esa estrategia podría marcar los próximos meses de la relación entre Estados Unidos y Cuba. También podría aumentar la incertidumbre dentro de la isla, donde cualquier movimiento externo tiene impacto directo en la economía y en la vida cotidiana.


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