Muere Maricarmen sin poder regresar a la casa de la que fue expulsada por los fondos buitre

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Maricarmen Abascal murió el 7 de octubre en Madrid, días después de lograr un acuerdo para volver al piso del que había sido desahuciada.

Tenía 87 años y permanecía ingresada en el Hospital Gregorio Marañón desde el desalojo. El Sindicato de Inquilinas confirmó su fallecimiento en un comunicado firmado también por su familia y su abogada.

Un regreso acordado que no pudo cumplir

Maricarmen Abascal salió de su vivienda del distrito de Retiro el 23 de septiembre. Tras las protestas por el desahucio, la empresa propietaria aceptó que regresara mediante un nuevo contrato de alquiler. Ella continuaba hospitalizada y no llegó a volver.

“Si bien se consiguió un acuerdo histórico que le habría permitido volver a su vivienda, esta solución ha llegado demasiado tarde”, lamentaron los firmantes del comunicado. Abascal había dicho que deseaba morir en la habitación donde también fallecieron sus padres.

Su salud había empeorado durante los últimos meses. Se desplazaba en silla de ruedas, necesitaba ayuda para las tareas diarias y tenía dificultades para comer. Dos días antes del desalojo describió así su estado: “Me ha afectado en todo. Yo ahora no soy yo”.

El conflicto por el alquiler de su casa

Su padre alquiló el piso en 1956. Maricarmen vivió allí con sus padres y su hermano, en el barrio madrileño de Ibiza, durante siete décadas. Trabajó 34 años como secretaria en una empresa farmacéutica y se jubiló en 1998.

La disputa por la vivienda comenzó años antes del desalojo. En 2020, los propietarios le comunicaron que debía marcharse porque el contrato de alquiler ya había pasado primero a su madre y después a ella. El conflicto derivó en casi siete años de procedimientos judiciales y varios intentos de desahucio.

Abascal recibía una pensión de 1.400 euros. Pagaba un alquiler de renta antigua y, entre esa renta y las facturas, gastaba unos 500 euros al mes. Los propietarios le pedían 1.600 euros de alquiler. Antes del desalojo hubo propuestas para cubrir la diferencia o comprar el inmueble, pero no prosperaron.

De una disputa vecinal a las protestas por la vivienda

El caso de Maricarmen impulsó manifestaciones y acampadas en Madrid, seguidas de movilizaciones en otras ciudades españolas. Desde el hospital, ella envió mensajes de apoyo a quienes reclamaban el derecho a una vivienda digna.

En los carteles de las protestas apareció el lema “Todos somos Maricarmen”. Su familia, su abogada y el sindicato recordaron en su despedida una petición que ella les repetía: “Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro”.


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