Calendario: la serie que sentó a los cubanos frente al televisor

Desde que el 9 de enero apareció en pantalla, a las 8:30 de la noche, Calendario comenzó a ganar seguidores. La temática juvenil, ausente durante años en las producciones televisivas del patio, genera siempre gran interés, y esta no fue la excepción. 

Lo que no podíamos suponer, aun con guion del reconocido Amilcar Salatti y la dirección de otra experimentada, Magda González Grau, era la contundencia de la obra artística que finalmente ganó el aplauso unánime de públicos y critica.

Cada capítulo generó comentarios en casas, centros de trabajo y redes sociales, y lo más importante, sentó frente al televisor a millones de cubanos. 


La historia de la profesora Amalia, un ser de luz, pero de carne y hueso, con errores y frustraciones también, permitió adentrarnos en las vivencias de un grupo de muchachos de secundaria. 

Y el 9no 3 fue, entonces, la representación de una Cuba donde hay unos que viven bien, y otros que mal viven, donde la adicción a la tecnologías también genera problemas. Es también la Isla de donde la gente emigra, donde hay demasiada homofobia aún y donde la violencia forma parte del día a día de algunas personas. 


Todo eso abordó la serie, y apoyada en la ficción logró recrear situaciones lejos de didactismos contraproducentes, y sí desde la verdad de que todos llevamos ángeles y demonios por dentro. 

Mirada crítica a una realidad

Calendario sugirió, en algunos casos, caminos, posibles soluciones  a los conflictos. En otras ocasiones estos quedaron como evidencia de una realidad imperfecta, en la que no siempre todo tiene un final feliz. 


Pero eso sí, una de las premisas defendidas con acierto fue que la poesía y el arte en general pueden llenar de color la vida. Y la amistad y el afecto serán siempre el asidero en medio de las circunstancias más adversas.

Una de las claves de la serie fue abordar críticamente diversas problemáticas y el rol de la escuela en un escenario tan complejo. La educación en Cuba no vive su mejor momento, y harían falta muchas Amalias para lograr un cambio. 

Uno de los grandes valores de esta producción televisiva fue el alto nivel en las actuaciones. Actores consagrados y noveles crearon una dinámica especial, como pocas veces se había visto en un dramatizado nacional en los últimos tiempos. Y poco importó que los muchachos superaran la edad biológica de un estudiante de noveno grado, si en ellos estaban sus formas de ser y pensar, totalmente creíbles. 

Ya se ha anunciado una segunda temporada de Calendario. Esperémosla entonces, como se esperan las cosas buenas, esas que estremecen con el lenguaje del arte, porque invitan a pensar desde la emoción más genuina.  

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