La crisis ferroviaria en Cuba se agrava porque la falta de combustible mantiene trenes suspendidos y acelera el deterioro de vías que ya necesitaban reparaciones urgentes.
El ramal entre Santa Cruz del Sur y Camagüey muestra el alcance del problema. La ruta, de casi 120 kilómetros, permanece sin servicio desde enero.
Este tren conectaba comunidades rurales con la capital provincial. También permitía transportar pasajeros, arroz, carbón, frutas y pescado desde varios poblados del sur camagüeyano.
La paralización ha favorecido el avance de la maleza y la acumulación de basura sobre algunos tramos. A esos obstáculos se suman daños estructurales y años de mantenimiento insuficiente.
Un ramal difícil de recuperar
La rehabilitación completa de la línea exigiría sustituir secciones de vía, reparar terraplenes y colocar numerosas traviesas. La Empresa de Ferrocarriles Centro Este administra este trazado y las operaciones ferroviarias de Camagüey, Ciego de Ávila y Las Tunas.
El deterioro también afecta el trabajo de las brigadas de Vías y Obras. La escasez de combustible impide usar con regularidad los pequeños vehículos destinados al traslado de trabajadores.
Los operarios realizan muchas tareas de forma manual y reciben alrededor de 5,000 pesos mensuales. Las jubilaciones y la salida de empleados dejan vacantes que resultan difíciles de cubrir.
Décadas atrás, otras entidades apoyaban la conservación de los caminos de hierro. Entre ellas estaban el Ejército Juvenil del Trabajo y empresas vinculadas con la producción azucarera.
Ese respaldo aportaba combustible, herramientas y materiales. También ayudaba a sostener rutas utilizadas para mover caña, azúcar y pasajeros en varios municipios.
El 67% de las vías necesitaba mantenimiento urgente
La crisis ferroviaria en Cuba va más allá del ramal de Santa Cruz del Sur. Datos oficiales divulgados en marzo de 2024 indicaron que el 67% de las líneas requería mantenimiento urgente.
El mismo balance situó en 40% la proporción de obras de infraestructura con necesidades inmediatas de conservación. Esas cifras corresponden a 2024 y no constituyen una actualización de 2026.
Las restricciones alcanzan incluso la línea central, diseñada para velocidades de hasta 120 kilómetros por hora. En buena parte del recorrido, los trenes circulan a menos de 50 kilómetros por hora.
La baja velocidad alarga los viajes y eleva el consumo de combustible. También aumenta el desgaste de los equipos y las jornadas de las tripulaciones.
Los tramos Piedrecitas-Florida, el acceso ferroviario a Camagüey y la ruta Martí-Bayamo presentan limitaciones de velocidad o carga bajo la administración de Ferrocarriles Centro Este.
Descarrilamiento obligó a buscar materiales
A mediados de agosto, un tren de contenedores descarriló en Piedrecitas. Catorce de sus 27 vagones salieron de la vía.
La reparación demandó decenas de traviesas y casi medio kilómetro de rieles. Las brigadas utilizaron recursos reservados para emergencias y materiales recuperados de ramales abandonados.
La falta de rutas alternativas complica cualquier interrupción en la línea central. La línea norte, usada décadas atrás para desviar trenes, lleva más de diez años sin tráfico regular.
Su abandono reduce las opciones ante accidentes y obliga a trasladar pasajeros por carretera. En el descarrilamiento de Piedrecitas, viajeros de dos trenes nacionales tuvieron que continuar en ómnibus.
Aunque regresaran el combustible y los equipos para reactivar servicios, varios ramales necesitarían primero obras costosas. El tramo entre Santa Cruz del Sur y Camagüey figura entre los más deteriorados.

















