Asumiendo una estrategia que combina presión política y pragmatismo económico, la administración de Donald Trump ha comenzado a facilitar el envío de combustible directamente al naciente sector privado de Cuba.
Según una investigación exclusiva de Bloomberg, este movimiento busca crear una dependencia inédita de la isla hacia los suministros estadounidenses, utilizando la energía como palanca para forzar reformas estructurales en el gobierno comunista.
La estrategia aprovecha un momento de vulnerabilidad crítica para La Habana. Tras la captura de Nicolás Maduro en enero y las amenazas de aranceles que ahuyentaron el apoyo petrolero de México, la isla quedó sumida en una «cuarentena» de crudo que la ha empujado al borde de una crisis humanitaria.
Ante este escenario, Washington ha decidido «reconocer al sector privado cubano como un socio legítimo sobre el terreno», según explicó a Bloomberg Ricardo Herrero, director del Cuba Study Group. Aunque estas medidas no sustituyen a toda la industria petrolera, están logrando llevar combustible a los puntos más necesitados del país.
Licencias estratégicas y el mercado informal
Para ejecutar este plan, el Departamento del Tesoro, a través de la OFAC, está otorgando licencias específicas que permiten la reventa de combustible a pequeñas y medianas empresas privadas cubanas (Mipymes). Las ventas directas al gobierno de Miguel Díaz-Canel siguen prohibidas, pero los analistas consultados por Bloomberg, como Oniel Díaz de la consultora AUGE, advierten que este combustible inevitablemente termina alimentando el mercado informal debido a la abrumadora demanda.
«Cuba es una nación en decadencia cuyos gobernantes han sufrido un gran revés», declaró un funcionario de la Casa Blanca bajo anonimato, subrayando que la pérdida del apoyo venezolano ha dejado a los líderes de la isla sin opciones.
Negociaciones en la sombra
Uno de los puntos más reveladores de la investigación de Bloomberg es la existencia de diálogos entre Washington y figuras clave del entorno militar cubano, específicamente con el coronel Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. La administración Trump percibe a Díaz-Canel como un líder que ha fracasado en la gestión económica y busca interlocutores con poder real dentro del conglomerado militar que controla la economía de la isla.
El Secretario de Estado, Marco Rubio, ha sido enfático al señalar que el sistema cubano está en «colapso» y que La Habana no tiene más alternativa que un cambio agresivo de rumbo. Rubio aseguró a Bloomberg que, si Cuba decide implementar reformas importantes que abran espacios de libertad económica y política, Estados Unidos estaría dispuesto a ser «de gran ayuda».
A pesar de incidentes recientes de alta tensión, como el trágico tiroteo de la Guardia Costera cubana contra una lancha de Florida, las fuentes familiarizadas con el plan aseguran que Washington mantendrá su hoja de ruta: posicionarse como el patrocinador energético inevitable de Cuba para ganar una influencia que ha sido esquiva durante los últimos 65 años.












