La madrugada habanera deja imágenes de niños y adultos durmiendo en portales para escapar del calor dentro de sus viviendas sin electricidad, en el contexto de una crisis energética que mantiene apagones de hasta 40 horas consecutivas.
Familias en la calle en Prado y Virtudes
Varias familias se vieron obligadas a pasar la noche fuera de sus viviendas en la esquina de Prado y Virtudes, en La Habana, según denunció La Tijera News.
Entre las personas que amanecieron en los portales había menores de edad. Las familias salieron a la calle para encontrar algo de aire fresco, luego de permanecer sin electricidad en pleno verano. La situación era todavía más precaria por la basura acumulada y las aguas albañales cerca del lugar.
El caso de Prado y Virtudes no es un hecho aislado, sino parte de una cadena de testimonios que en las últimas semanas han mostrado el impacto humano de la crisis energética en la infancia cubana.
Padres que graban la madrugada desde el suelo
Alfredito Fominaya, creador de contenido cubano, grabó a las 2:27 de la madrugada un video durante un apagón en el que sus hijos aparecen acostados sobre sábanas en el suelo. En la grabación, que se volvió viral, Fominaya cuestionó la narrativa oficial de la resistencia: «¿Por qué yo tengo que resistir? Este es el verano que le estamos dando a nuestros hijos».
Días antes, la madre Dayana García publicó en Facebook una imagen de sus hijos durmiendo en el suelo con la frase «Tenemos el récord Guinness en aguantar», que acumuló miles de reacciones. En la foto se ven dos niños pequeños acostados sobre sábanas, con mosquiteros y ventiladores recargables como único alivio.
El costo físico en los menores
Otro testimonio que expuso la desesperación fue el de Renato Miguel García Granado, quien publicó una imagen de su hija pequeña tendida boca abajo sobre el suelo de la casa buscando frescor durante un apagón. «Si tengo que salir yo solo a la calle a pedir lo que nos corresponde como seres humanos, lo haré», escribió.
Los apagones prolongados alteran el sueño de los menores, los exponen a mosquitos, calor extremo y condiciones antihigiénicas. Las familias convierten cualquier superficie fresca en una cama improvisada.
El déficit eléctrico, que las autoridades reportan en megavatios, se traduce en los hogares en cuerpos agotados, alimentos perdidos y rutinas rotas.
Un fenómeno que se extiende por La Habana
Los testimonios comparten el mismo fenómeno: la infancia cubana está pagando una parte visible de la crisis energética. Mientras el sistema eléctrico reporta déficits superiores a los 2.000 megavatios, las familias habaneras buscan refugio en las puertas de sus edificios, en los balcones o en los pocos espacios donde corre algo de aire.
El reportaje de Cubanet recoge que el fenómeno se repite en distintos puntos de la capital, con padres que pasan la madrugada espantando mosquitos y madres que comparten en redes la impotencia de ver a sus hijos agotados por noches enteras sin ventilador ni agua.














