El mercado informal de divisas vuelve a mostrar este jueves la enorme distancia que existe entre el peso cubano y las principales monedas extranjeras.
El dólar y el euro continúan instalados en niveles que hace apenas unos años parecían impensables, mientras otras formas de pago también registran movimientos importantes.
La situación refleja un problema que va mucho más allá del cambio diario. La pérdida de capacidad de compra del peso se ha convertido en uno de los elementos que más condicionan la economía doméstica, especialmente para quienes dependen exclusivamente de salarios y pensiones pagados en moneda nacional.
¿A cuánto están el dólar y el euro hoy en Cuba?
Este 24 de septiembre, el dólar estadounidense se mantiene en 720 pesos cubanos en el mercado informal.
El euro continúa todavía más arriba y se sitúa en 820 pesos cubanos. Ambas monedas permanecen, por tanto, sobre barreras que se han consolidado durante las últimas jornadas.
La MLC aparece este jueves en 490 pesos, con un incremento de 30 pesos respecto a su referencia anterior.
El dólar canadiense se ubica en 467,67 pesos, con una ligera reducción de 0,05 pesos.
El peso mexicano alcanza los 49,74 pesos cubanos, después de avanzar 0,31 pesos.
Las transferencias mediante Zelle se cotizan en 705,06 pesos, con una subida de 3,28 pesos. CLA aparece en 661,91 pesos y aumenta 2,45 pesos.
Tasas de cambio en Cuba este 24 de septiembre
1 USD: 720 CUP
1 EUR: 820 CUP
1 MLC: 490 CUP
1 CAD: 467,67 CUP
1 MXN: 49,74 CUP
1 Zelle: 705,06 CUP
1 CLA: 661,91 CUP
Estas referencias corresponden al mercado informal y pueden variar durante el día según las operaciones registradas entre compradores y vendedores.
El dólar por encima de 700 y el euro sobre 800 pesos
Más allá de una subida o bajada puntual, el elemento que comienza a llamar especialmente la atención es la permanencia de estas monedas en niveles extremadamente elevados.
El dólar lleva tiempo moviéndose alrededor o por encima de los 700 pesos, mientras el euro se ha asentado sobre los 800. Cada nueva jornada en esos valores refuerza una realidad: el peso cubano ha perdido gran parte de su capacidad para funcionar como referencia efectiva del poder adquisitivo de las familias.
La situación resulta especialmente visible en productos importados o mercancías cuyo precio termina condicionado directa o indirectamente por el valor de las divisas.
Cuando aumenta el costo de reponer un producto en dólares, euros o monedas libremente convertibles, esa diferencia suele terminar trasladándose al precio en pesos.

Billetes cada vez menos útiles para pagar gastos cotidianos
La propia evolución de los precios ha reducido considerablemente la utilidad práctica de los billetes de baja denominación.
Una compra relativamente sencilla puede requerir hoy varios billetes de las denominaciones tradicionales, mientras determinados alimentos, artículos de higiene, ropa o electrodomésticos representan cantidades de miles o decenas de miles de pesos.
Las discusiones sobre aumentar las denominaciones monetarias reconocen, indirectamente, esta nueva escala de precios dentro de la economía cubana.
No significa que los billetes actuales pierdan su condición de moneda de curso legal. Sí evidencia que muchas denominaciones tienen cada vez menos utilidad práctica para realizar operaciones comerciales cotidianas.
Salarios que compran cada vez menos
El problema se vuelve más serio cuando se compara el valor de las divisas con los ingresos que recibe una parte importante de la población.
Un salario pagado íntegramente en pesos puede representar apenas una pequeña cantidad de dólares o euros cuando se calcula utilizando la referencia del mercado informal.
Al mismo tiempo, numerosos precios internos terminan siguiendo directa o indirectamente la evolución de esas divisas.
Eso crea una enorme diferencia entre quienes reciben remesas, pagos desde el extranjero o ingresos vinculados a monedas fuertes y quienes dependen exclusivamente de salarios estatales o pensiones.
Para estos últimos, cubrir alimentación, transporte, medicamentos y servicios básicos requiere destinar una proporción cada vez mayor de sus ingresos.
Una economía familiar sometida a una presión constante
La depreciación del peso convive además con otros problemas que encarecen la vida diaria.
Los apagones prolongados afectan la conservación de alimentos y obligan a muchas familias a buscar alternativas para cocinar. Las dificultades de transporte aumentan gastos, mientras la escasez de determinados productos mantiene elevados numerosos precios.
El resultado es una economía doméstica donde muchas familias han dejado de organizar sus gastos pensando en ahorrar y concentran sus recursos en cubrir las necesidades más inmediatas.
Para quienes no reciben ayuda desde el exterior, el deterioro del poder adquisitivo resulta todavía más difícil de compensar.
La jornada de este 24 de septiembre vuelve a mostrar esa realidad: un dólar alrededor de los 720 pesos y un euro sobre los 820 ya no representan movimientos excepcionales de un día, sino niveles que comienzan a instalarse como parte habitual del mercado cambiario informal cubano.

















