El cierre de la zona comercial de La Güinera, en Arroyo Naranjo, ha generado preocupación entre los pobladores. Esta localidad, que enfrenta dificultades sociales y económicas desde hace años, depende en gran medida de este espacio para su economía diaria.
La mayoría de los residentes realizan trabajos por cuenta propia en la zona, vendiendo productos y servicios que permiten sostener a sus familias.
El Consejo de la Administración Municipal de Arroyo Naranjo ha justificado el cierre, anunciando reparaciones en vertimientos, salideros y viales.
Sin embargo, muchos residentes critican que estas medidas, aunque necesarias, no consideran el impacto inmediato sobre quienes dependen de las ventas para subsistir. La decisión de interrumpir la actividad comercial por un periodo de hasta 30 días afectará a pequeños comerciantes, vendedores ambulantes y clientes que viven en la zona.
La realidad de La Güinera
La Güinera es una de las zonas más empobrecidas de La Habana, donde muchos enfrentan dificultades para acceder a servicios básicos como agua potable y electricidad. Las malas condiciones viales y sanitarias son una constante, y la población local, en su mayoría de bajos recursos, ha aprendido a sobrellevar la situación a través del trabajo informal. El cierre de su principal zona comercial deja a muchas familias sin ingresos durante el tiempo que duren las obras.
Consecuencias no atendidas
Aunque las reparaciones pueden mejorar las condiciones de la zona, los pobladores se ven forzados a sobrevivir en medio de la incertidumbre. Las autoridades no han ofrecido soluciones concretas para apoyar a los trabajadores afectados por la falta de ingresos durante este cierre.
El riesgo es que, una vez reabierta la zona, el daño económico a las familias más vulnerables sea irreparable. Las promesas de ordenamiento y mejoras quedan opacadas por la falta de planificación para proteger a quienes más lo necesitan en este periodo.













