¿Por qué pagar con transferencia en Cuba sigue siendo un problema, y la llamada «bancarización» no avanza? ¿Por qué lo de los recargos por pagar online son una práctica cada vez más normalizada en los comercios de la isla?
La bancarización en Cuba continúa siendo uno de los procesos más impulsados por las autoridades económicas, pero en la práctica diaria enfrenta obstáculos que limitan su efectividad.
Aunque el Banco Central de Cuba ha promovido el uso de pagos electrónicos como eje central del sistema financiero, la realidad en calles, comercios y servicios refleja una transición aún incompleta.
Cada vez es más común que los ciudadanos intenten pagar mediante transferencias o aplicaciones móviles y se encuentren con respuestas como “no hay sistema”, “solo efectivo” o incluso la imposición de recargos informales si el pago se realiza de manera digital. Esta situación no es aislada, sino un patrón que se repite en cafeterías, tiendas, transporte privado y pequeños negocios.
El problema no radica únicamente en fallos técnicos o de conectividad, aunque estos siguen siendo frecuentes. La raíz parece más profunda: una falta de coherencia entre las políticas públicas y su implementación real.
Mientras la normativa insiste en la digitalización de pagos y en el uso de cuentas bancarias fiscales para mayor control financiero, muchos actores económicos operan fuera de ese esquema o lo aplican de forma parcial.
En la práctica, el efectivo sigue siendo el principal medio de pago en la economía cotidiana. Desde comprar alimentos básicos hasta pagar servicios, los ciudadanos continúan dependiendo del dinero físico como mecanismo más confiable. Esta dependencia se refuerza cuando los pagos electrónicos se vuelven complicados, condicionados o más costosos debido a recargos informales que pueden alcanzar hasta un 10%.
La falta de confianza en el sistema es otro factor clave. Cuando un usuario enfrenta constantes trabas o inconsistencias al intentar pagar digitalmente, termina optando por el efectivo “por si acaso”. Esto genera una paradoja evidente: mientras el discurso oficial busca reducir el uso del efectivo, la realidad lo consolida como la opción más práctica.
Además, la cuenta bancaria fiscal, concebida como pieza central para ordenar las finanzas y aumentar la transparencia, pierde efectividad cuando no se utiliza de forma sistemática. Esto afecta no solo la trazabilidad de las operaciones, sino también la credibilidad del proceso de bancarización en su conjunto.
Cuba vive una dualidad económica donde conviven la digitalización impulsada desde las instituciones y una práctica cotidiana dominada por el efectivo. Hasta que no exista una implementación coherente, con incentivos claros y sin barreras para los usuarios, la bancarización seguirá siendo más una aspiración que una realidad consolidada.













muchos comerciantes Inescripulosos están no solo lucrando abiertamente con los recargos en las transferencias, sino también » avisando» que subirán los por ciento de recargo