Helado en dólares desata críticas en Cuba en pleno verano

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La venta de helado en dólares ha provocado una nueva polémica en Cuba, justo durante uno de los meses más calurosos del año. El caso surgió en Guantánamo y reabrió el debate sobre el avance de la dolarización.

Una compra que exige divisas

La comercialización de helado con precios expresados en dólares generó numerosas críticas este domingo. El malestar no se concentró únicamente en el costo del producto.

Muchas opiniones señalaron una contradicción evidente. Los salarios y las pensiones se pagan en pesos cubanos, pero una parte creciente del consumo exige moneda extranjera.

La mayoría de las familias no recibe dólares de forma regular. Para conseguirlos, muchas dependen de remesas o deben acudir al mercado informal.

Este 2 de agosto, la referencia informal situaba el dólar en 675 CUP. Con esa tasa, una compra de 10 dólares representa 6750 pesos cubanos.

El helado no constituye un alimento básico. Sin embargo, forma parte de los paseos familiares y de la memoria cotidiana de varias generaciones.

La polémica aparece, además, en pleno verano. Durante estos meses aumenta el interés por un producto que antes resultaba mucho más accesible.

Coppelia de La Habana pierde su antigua regularidad

La situación de Coppelia, en la céntrica esquina de 23 y L, muestra otra cara del deterioro. La histórica heladería tampoco garantiza una oferta estable.

En marzo, 14ymedio reportó que el establecimiento estaba cerrado por falta de helado. En sus áreas se ofrecían otros productos, pero no el que le dio fama.

Semanas después, otro reporte indicó que Coppelia había reabierto. El servicio dependía de la llegada de un camión con las tinas necesarias.

Eso convirtió cada visita en una apuesta. Los clientes podían encontrar helado, descubrir que se había agotado o marcharse sin saber cuándo regresaría.

Otra polémica ocurrió en mayo, también en El Vedado. La dulcería y heladería Dulce Habana, en el Hotel Habana Libre, dejó de aceptar pesos cubanos.

Desde entonces, sus productos comenzaron a cobrarse exclusivamente en dólares. El cambio apartó a buena parte de su clientela habitual.

Santa Clara teme por el futuro de su heladería

La preocupación también llegó a Santa Clara a finales de junio. Trabajadores comenzaron a retirar elementos de madera y carteles del edificio de Coppelia.

La intervención despertó dudas sobre el futuro del inmueble, ubicado cerca del Parque Vidal. En ese momento no existía una explicación oficial detallada.

Un trabajador explicó que se trataba de reparaciones porque algunas partes estaban deterioradas. Sin embargo, la falta de información alimentó las sospechas.

La heladería de Santa Clara también arrastraba problemas de abastecimiento. Reportes anteriores describieron jornadas con pocos sabores y existencias agotadas rápidamente.

De 26 sabores a una oferta incierta

Coppelia abrió en La Habana en junio de 1966. El proyecto contó con el impulso directo de Fidel Castro y la participación de Celia Sánchez.

La aspiración era competir con las grandes marcas estadounidenses y superar su variedad. El menú inicial llegó a incluir 26 sabores, según recuentos históricos.

Otra anécdota muestra la importancia que Castro concedía al producto. Antes de crear Coppelia, mandó traer desde Canadá 28 sabores de Howard Johnson’s.

Con el tiempo, la industria cubana llegó a producir decenas de variedades. Algunas crónicas señalan que el catálogo superó los 50 sabores durante sus mejores años.

Ese pasado contrasta con la oferta actual. Hoy resulta frecuente encontrar un solo sabor, poca cantidad o ningún helado disponible.

Un gusto convertido en lujo

El helado mantiene un lugar especial entre los gustos de los cubanos. Su consumo aumenta durante el verano y sigue asociado a encuentros familiares.

Sin embargo, ya no basta con hacer una cola. También hay que encontrar el producto, pagar precios elevados o disponer de dólares.

En establecimientos estatales puede faltar durante semanas. En negocios privados, el costo en pesos suele alejarlo de muchos bolsillos.

La venta en divisas añade otra barrera. Quienes cobran únicamente en moneda nacional quedan fuera de una parte creciente de la oferta.

Mientras tanto, las antiguas heladerías acumulan cierres, reparaciones y problemas de suministro. El paseo para tomar helado dejó de ser una salida sencilla.

Ahora depende del lugar, del día y, cada vez con más frecuencia, de tener la moneda correcta.


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