Las denuncias por estafas digitales siguen creciendo en Cuba. Se repiten los reclamos de ciudadanos que aseguran haber perdido dinero por fraudes vinculados a cuentas bancarias, llamadas falsas y aplicaciones móviles.
El problema no solo preocupa por el dinero robado. También pesa la sensación de abandono entre muchas víctimas, que dicen haber presentado denuncias sin recibir avances claros ni respuestas concretas de los bancos o de la Policía.
Las Tunas suma más denuncias por fraudes digitales
Un sondeo realizado por el periódico provincial 26 mostró que el 84 % de los participantes afirmó conocer a alguien estafado o haber sufrido personalmente este tipo de delito. El dato refleja hasta qué punto estos casos se han vuelto frecuentes en la vida diaria.
Los testimonios recogidos por ese medio repiten una misma queja. Muchas víctimas aseguran que entregaron datos, capturas y detalles de las operaciones, pero aun así no han visto resultados en las investigaciones.
Uno de los casos citados es el de Manuel Quesada. Según relató, presentó una denuncia en octubre de 2025 después de sufrir una estafa. Dice que aportó el número de tarjeta al que se transfirió el dinero y también el teléfono vinculado al fraude, pero hasta ahora no ha recibido respuesta.
Otra lectora, Esperanza Zaldívar Hechavarría, contó que fue víctima a finales de 2024. Asegura que logró identificar el nombre completo del presunto estafador y varios números de tarjetas bancarias relacionadas con la operación. Pese a eso, afirma que no ha recuperado su dinero ni conoce avances del caso.
¿Cómo operan los estafadores?
Las modalidades más repetidas incluyen llamadas y mensajes que aparentan llegar desde instituciones bancarias o servicios asociados a Transfermóvil. A partir de ahí, los delincuentes intentan ganarse la confianza de la persona para que entregue datos o siga instrucciones dentro de la aplicación.
En varios casos, inducen a las víctimas a introducir códigos numéricos que terminan convirtiéndose en transferencias hacia cuentas controladas por los propios estafadores. El engaño suele parecer una operación normal o una supuesta verificación del sistema.
Otra encuesta citada por 26 mostró que el 60 % de los participantes identificó como fraude las llamadas que piden el PIN bancario o la instalación de aplicaciones. Además, el 56 % reconoció el riesgo de vincular cuentas de mensajería mediante códigos enviados por terceros.
Sin embargo, el dato más preocupante aparece en otro punto. Solo el 12 % detectó el peligro de ciertos mensajes que simulan confirmaciones automáticas del sistema bancario. Eso deja ver que muchos usuarios todavía no reconocen algunas señales básicas del engaño.
Transfermóvil vuelve a estar en el centro de las alertas
Entre los comentarios de los lectores también aparece una técnica que ha ganado terreno. Algunos mencionan el uso de códigos con ceros a la izquierda para provocar transferencias involuntarias mediante Transfermóvil.
Varios usuarios creen que ese método deja al descubierto posibles fallos o debilidades dentro de la propia aplicación. Aunque no todos los casos han sido confirmados de forma oficial, la repetición de testimonios ha elevado la preocupación.
La inquietud también alcanza a la coordinación entre instituciones. Hay ciudadanos que cuestionan la respuesta de la Policía Nacional Revolucionaria, del sistema bancario y de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba.
Crecen las críticas por la falta de reacción
Una parte de los afectados sostiene que bancos y empresas de telecomunicaciones tienen datos suficientes para rastrear números, cuentas y movimientos usados en las estafas. Por eso piden una actuación más rápida y coordinada.
Algunos reclaman el bloqueo inmediato de cuentas bancarias o líneas telefónicas asociadas a denuncias de fraude. Según plantean, esa medida podría impedir que el dinero siga moviéndose mientras las autoridades investigan.
El Banco de Crédito y Comercio también ha emitido alertas sobre el uso de WhatsApp como una de las vías empleadas por los estafadores. Las autoridades insisten en la importancia de denunciar cada caso y guardar pruebas, como comprobantes de transferencias o capturas de pantalla.
Aun así, entre muchos lectores sigue dominando la desconfianza. En redes sociales se multiplican los relatos de personas que dicen haber pasado por situaciones similares y que reclaman respuestas más ágiles.
Un problema que ya no se limita a una sola provincia
El patrón no parece exclusivo de Las Tunas. Reportes anteriores ya habían mostrado situaciones parecidas en otros territorios, lo que refuerza la idea de que las estafas bancarias y digitales se están extendiendo por más provincias del país.
Las modalidades también se han diversificado. A los fraudes con llamadas falsas y códigos en aplicaciones se suman los engaños de supuestas agencias de paquetería, que usan nombres conocidos para robar dinero a familias que esperan envíos o remesas del exterior.
La combinación de nuevas técnicas, poca educación digital y respuestas tardías ha convertido el problema en una preocupación cada vez más visible. Mientras tanto, los afectados siguen pidiendo algo básico: que las denuncias no queden en el aire.














