El accidente de avión en Florida que dejó nueve muertos el domingo 1 de noviembre presenta indicios de una posible ruptura en vuelo, según investigadores federales.
El Learjet 60 cayó en Greenacres, en el condado de Palm Beach, cuando cubría la ruta entre Austin, Texas, y Eleuthera Norte, Bahamas. Viajaban siete pasajeros y dos tripulantes. Todos fallecieron y una persona que circulaba en un vehículo sufrió una lesión en una pierna.
La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos (NTSB) mantiene abierta la investigación. Su registro identifica a Aurora Aviation, que opera comercialmente como Upper Jet, como responsable del vuelo. Los datos del expediente todavía son preliminares.
La tripulación reportó hielo y turbulencias
Durante la actualización del lunes 2 de noviembre, el miembro de la NTSB Thomas Chapman reconstruyó las últimas comunicaciones con los controladores aéreos. La tripulación había notificado formación ligera de hielo, que consideraba manejable, y turbulencia moderada.
El avión volaba a 35.000 pies y registraba variaciones de altitud de unos 700 pies. Después de encontrar precipitaciones, los pilotos solicitaron subir a 37.000 pies y recibieron autorización.
Menos de 30 segundos después, una transmisión anunció el descenso y siguió una llamada de socorro. Hacia las 12:48, la tripulación comunicó una condición de exceso de velocidad mientras perdía altura. El impacto ocurrió aproximadamente a las 12:51.
Los investigadores examinan qué papel pudieron tener el hielo y las turbulencias. Esas condiciones forman parte de las líneas de trabajo, pero todavía no existe una causa determinada para el accidente.
Los restos dispersos y el cráter complican la recuperación
Chapman explicó que existen indicios de desprendimientos antes del choque, aunque sigue pendiente establecer qué piezas pudieron separarse. La posible pérdida del estabilizador horizontal continúa bajo examen.
El impacto abrió un cráter y dispersó fragmentos por campos de béisbol, negocios y viviendas. Una tubería rota llenó de agua el punto de caída, lo que dificulta recuperar los restos principales.
Timothy Monville, investigador a cargo, señaló esa recuperación como uno de los mayores obstáculos del trabajo sobre el terreno. Al cierre de la comparecencia del lunes, los equipos todavía buscaban la grabadora del avión.
Dos pilotos y siete pasajeros fallecieron
Entre las víctimas figuran Nathalia Gadelha Filgueiras, de 20 años, y Jeffrey Gregory, de 55, los dos integrantes de la tripulación.
También murieron Adam Robinson y Helen Sharp; sus hijos Emma, de cuatro años, y Charlie, de dos; y Anita María Cetina, quien cuidaba a los pequeños.
Los otros pasajeros eran Rachael Reed y Charmi Fehr. En un comunicado conjunto, los familiares rindieron homenaje a las víctimas y agradecieron la labor de los equipos de emergencia.
















