Pedro Sánchez y Luiz Inácio Lula da Silva encabezarán este sábado en Barcelona una cumbre con líderes de Europa y América Latina. La cita busca tejer una respuesta política común en un escenario marcado por la presión de Estados Unidos y el avance de la derecha en varios países.
El encuentro llega en un momento delicado. Las fricciones entre el Gobierno español y Donald Trump se han hecho más visibles en las últimas semanas, sobre todo por Gaza, Irán y el gasto militar. En ese contexto, Sánchez intenta reforzar su perfil internacional con una apuesta clara por el multilateralismo.
Una cita para reagrupar al progresismo
Barcelona acogerá una reunión con una docena de jefes de Estado y de Gobierno, además de representantes de alto nivel de otros países. El marco será el Foro Democracia Siempre, una iniciativa con la que el Ejecutivo español quiere defender las reglas del orden internacional y el valor de la cooperación entre países.
Antes de esa cita, España y Brasil celebrarán una cumbre bilateral con varios ministros de ambos gobiernos. El encuentro servirá para mostrar la cercanía política entre Sánchez y Lula, dos dirigentes que han mantenido posturas similares ante varias crisis internacionales recientes.
La reunión del sábado también tendrá un fuerte peso simbólico. No se trata solo de una foto entre mandatarios afines. El objetivo es construir una plataforma política con capacidad de influir en debates globales cada vez más tensos.
Los líderes invitados y los temas sobre la mesa
Entre los asistentes confirmados figuran representantes de México, Colombia, Uruguay, Sudáfrica y Dinamarca, junto a autoridades de instituciones europeas. La presencia de Claudia Sheinbaum sobresale por el momento que viven los vínculos entre España y México, después de años de roces diplomáticos.
La agenda del foro girará alrededor de tres asuntos principales. El primero será la defensa de las instituciones democráticas. El segundo, el impacto de la desinformación y de las tecnologías digitales en la vida pública. El tercero, el crecimiento del extremismo y de la desigualdad.
Los organizadores sostienen que el consenso liberal atraviesa una etapa de retroceso en Occidente. Por eso, la intención pasa por coordinar respuestas desde una visión progresista y con mayor cooperación entre gobiernos.
De forma paralela, el PSOE impulsará mesas de debate y encuentros con dirigentes y expertos. La idea es dar más recorrido político a la cita y ampliar su alcance más allá del encuentro formal entre líderes.
El choque con Trump marca el contexto
La cumbre se celebra después de varios desencuentros entre Madrid y Washington. El Gobierno español ha chocado con la Administración Trump por su posición sobre la guerra en Gaza, por su negativa a elevar el gasto en defensa hasta el 5 % del PIB y por su rechazo a la reciente escalada militar contra Irán.
Ese escenario ha empujado a Sánchez a ocupar un espacio más visible dentro del progresismo internacional. Su discurso se ha endurecido frente a la política exterior de Estados Unidos, en especial en Medio Oriente.
Tras el inicio de la guerra contra Irán, el presidente español afirmó que “el Gobierno de España no aplaudirá a quienes incendian el mundo”. Con esa frase, marcó distancia con la línea defendida desde Washington y con el respaldo estadounidense a operaciones militares sin consenso amplio.
Lula eleva el tono contra Washington
Lula también ha mantenido una posición muy crítica frente a Trump. En una entrevista reciente, aseguró que el mandatario estadounidense “no tiene derecho a levantarse por la mañana y amenazar a un país”, en referencia a sus advertencias contra Irán y otras naciones.
El presidente brasileño ha insistido en que la presión y la amenaza no pueden convertirse en herramientas normales de política exterior. En los últimos días volvió a calificar esas posturas como “peligrosas” y contrarias al equilibrio internacional.
Su mensaje ha ido todavía más lejos. Lula afirmó que “los señores de la paz se han convertido en señores de la guerra”, una frase con la que cuestionó a los líderes que, según su visión, han dejado de lado la diplomacia para apostar por la confrontación.
Ese enfoque coincide con el de Sánchez. Ambos apuestan por un orden internacional basado en reglas, negociación y diálogo. La cumbre de Barcelona será una nueva prueba de esa alianza política en un momento de fuerte fragmentación global.














