Apagones en Cuba obligan a familias a dormir en azoteas y espacios públicos

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Los apagones en Cuba y el intenso calor están llevando a familias de La Habana a pasar la noche en azoteas, portales y espacios públicos.

Imágenes y testimonios recogidos en la capital muestran a personas que abandonan sus viviendas durante las horas nocturnas. Buscan lugares abiertos donde puedan descansar con algo de ventilación.

La situación afecta a hogares sometidos a cortes eléctricos que superan las 20 horas diarias. Dentro de las casas, el calor acumulado dificulta dormir, especialmente cuando el servicio no regresa durante la madrugada.

Azoteas y portales convertidos en dormitorios

Algunas familias han trasladado colchones y pertenencias a las azoteas de sus edificios. Otras se acomodan en portales o áreas cercanas a sus viviendas.

Estos lugares ofrecen una alternativa ante la falta de electricidad para ventiladores y otros equipos. Sin embargo, dormir a la intemperie expone a las personas a condiciones incómodas y sin la privacidad habitual.

La escena refleja el efecto directo de los apagones en Cuba sobre rutinas básicas. El descanso depende ahora del horario de los cortes y de la posibilidad de encontrar un sitio menos caluroso.

Personas duermen junto al malecón de La Habana

El malecón habanero también se ha convertido en refugio nocturno para residentes afectados por el calor. La brisa del litoral atrae a quienes no pueden permanecer dentro de sus hogares.

Las fotografías tomadas en La Habana documentan personas acostadas en espacios públicos. Para algunas familias, salir de casa representa la única opción para intentar dormir durante los cortes más prolongados.

La práctica no responde a una actividad recreativa. Se trata de una adaptación forzada a jornadas con muy pocas horas de electricidad y altas temperaturas durante agosto.

Cortes de más de 20 horas cambian la vida diaria

Los apagones prolongados han modificado los horarios de descanso de numerosos residentes. Cuando la corriente regresa, las familias aprovechan para realizar tareas pendientes, aunque el servicio puede durar poco tiempo.

La falta de un horario estable obliga a organizar cada jornada según la disponibilidad eléctrica. En la noche, la combinación de oscuridad y calor empuja a más personas hacia zonas exteriores.

El impacto humano de la crisis energética se observa así fuera de las viviendas. Azoteas, portales y el malecón funcionan como dormitorios improvisados para cubanos que soportan cortes superiores a 20 horas diarias.


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