Rubio enfría las expectativas de un cambio rápido en Cuba

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Quienes esperan un desenlace inmediato en Cuba encontraron en las últimas declaraciones de Marco Rubio una señal diferente. El secretario de Estado habló de paciencia, perseverancia y de mantener la presión durante los próximos dos años y medio.

Su entrevista con Axios no descarta por completo otros escenarios. Donald Trump tampoco ha excluido públicamente una eventual acción militar. Sin embargo, el mensaje central de Rubio apunta hacia una estrategia mucho más prolongada.

No parece un plan pensado para semanas o meses

Una de las frases más reveladoras llegó cuando Rubio explicó cuánto tiempo Washington está dispuesto a mantener su política.

“Desde luego, no pueden esperar a que nos rindamos. Esto no va a desaparecer en los próximos dos años y medio”, afirmó.

La referencia temporal resulta importante. Si la administración estuviera apostando principalmente por una intervención inmediata o un desenlace abrupto, sería extraño presentar la estrategia alrededor de un horizonte tan prolongado.

Rubio utiliza además dos palabras que refuerzan esa lectura: paciencia y perseverancia.

“Una de las cosas que hemos perdido en la política exterior y la geopolítica estadounidenses es el concepto de paciencia y perseverancia”, dijo.

El planteamiento parece ser desgastar progresivamente la capacidad económica y política del Gobierno cubano, en lugar de confiar en un único acontecimiento que provoque su caída.

“No hay escapatoria”, pero tampoco una fecha para el cambio

La frase más contundente de Rubio fue directa:

“Lo que intentamos enseñarles es que no hay escapatoria”.

Pero esa declaración no equivale a anunciar que Washington espera un cambio de gobierno en cuestión de días.

La estrategia descrita consiste en identificar las vías que Cuba utiliza para obtener divisas, petróleo, inversiones o nuevos socios y tratar de cerrarlas.

“Cada vez que crean un nuevo mecanismo para intentar escapar de la soga, simplemente se lo cerramos”, explicó.

El objetivo sería reducir gradualmente las alternativas económicas de La Habana hasta colocar al Gobierno en una posición cada vez más complicada.

La desaparición del apoyo venezolano es una pieza fundamental

Washington considera que Cuba atraviesa una situación diferente porque perdió el respaldo energético y financiero que durante años recibió de Venezuela.

Rubio cree que La Habana tampoco encontrará fácilmente otro país dispuesto a asumir ese papel.

“No van a conseguir un patrocinador en los próximos dos años y medio”, aseguró.

Para Estados Unidos, esa circunstancia permite aplicar una presión económica más efectiva que en etapas anteriores.

La Unión Soviética primero y Venezuela después permitieron a Cuba amortiguar durante décadas parte del impacto de sus problemas económicos y del embargo estadounidense.

La apuesta actual parece consistir precisamente en evitar que aparezca un sustituto.

¿Entonces queda descartada una intervención?

No necesariamente. La entrevista no permite afirmar que Washington haya eliminado una opción militar. Axios recuerda que Trump no la ha descartado. Pero tampoco ofrece señales de que una operación de ese tipo sea el eje principal de la estrategia actual.

El discurso de Rubio está construido alrededor de sanciones, aislamiento, presión financiera, vigilancia de nuevas fuentes de ingresos y contactos políticos pensando en una eventual transición.

Por eso, quienes interpretaban las últimas medidas estadounidenses como la antesala inmediata de una intervención pueden encontrarse ante una realidad diferente. Washington parece estar preparando una carrera de resistencia.

Estados Unidos también busca interlocutores dentro de Cuba

Otro elemento relevante es que Washington no se limita a castigar económicamente al Gobierno cubano.

Según Axios, Rubio ha mantenido conversaciones con Raulito Castro, nieto de Raúl Castro, sobre posibles escenarios políticos futuros.

Estados Unidos también intenta establecer relaciones con otros funcionarios y localizar figuras que pudieran formar parte de una eventual coalición favorable a reformas.

Esto sugiere que Washington contempla diferentes vías para una transición.

Pero tampoco parece existir todavía una estructura claramente definida ni una figura reconocida para encabezar un eventual cambio.

El gran debate: ¿la presión afecta al Gobierno o principalmente al pueblo?

Aquí aparece una de las principales críticas contra esta política.

Muchos cubanos y analistas consideran que las sanciones económicas terminan afectando más a la población que a quienes ocupan las posiciones de poder.

La reducción de ingresos, las dificultades financieras y las restricciones comerciales pueden repercutir sobre la disponibilidad de combustible, alimentos, medicamentos y otros productos esenciales.

Desde esa perspectiva, aumentar la presión puede empeorar primero la vida cotidiana de millones de personas antes de generar cambios dentro de las estructuras gubernamentales.

Washington mantiene una interpretación diferente. La administración Trump sostiene que el deterioro cubano responde también a décadas de mala gestión económica y que las sanciones buscan cortar los recursos utilizados por el aparato estatal.

Esa contradicción acompañará probablemente toda la estrategia.

Cuanto más prolongada sea la presión, mayor será también el debate sobre quién termina pagando realmente su costo.

Dos años y medio pueden ser mucho tiempo para los cubanos

La dimensión temporal resulta especialmente sensible dentro de Cuba.

Para una administración estadounidense, dos años y medio representan una etapa política. Para una familia enfrentada diariamente a apagones, inflación, escasez y dificultades para conseguir alimentos, es un periodo enorme.

Rubio no promete que esas condiciones vayan a mejorar rápidamente. Su argumento es precisamente el contrario: Estados Unidos está dispuesto a mantener la presión aunque los resultados tarden.

Eso convierte las recientes declaraciones en un mensaje doble. Al Gobierno cubano le advierten que Washington no pretende abandonar su estrategia. A quienes esperan una solución inmediata, les indican que probablemente tendrán que esperar.

Rubio terminó la entrevista dejando precisamente esa idea.

“Mi nivel de confianza es que, cuando esta administración termine, como mínimo, Cuba estará en una senda irreversible hacia un futuro diferente”.

La frase quizás sea la que mejor define el plan. No habla de semanas ni fija una fecha para un cambio de gobierno. Habla del final de la administración Trump, pero no del fin del régimen en Cuba, del cual dice que espera que al menos esté encaminándose a la democracia.

Y eso coloca el horizonte político de Cuba, al menos desde la perspectiva de Washington, bastante más lejos de lo que muchos imaginaban.


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