Una familia de cuatro puede ingresar más de 2.000 euros al mes y seguir bajo el umbral de pobreza. Así influye el alquiler en las cuentas.
Un hogar con dos adultos y dos menores en España queda por debajo del umbral de pobreza si sus ingresos anuales no alcanzan aproximadamente 25.663 euros, unos 2.139 euros al mes repartidos en doce mensualidades. Así lo recoge un informe publicado por Oxfam Intermón el 20 de octubre, que analiza cómo tener trabajo no garantiza disponer de dinero suficiente para sostener a una familia.
La cifra corresponde a los ingresos del conjunto del hogar, no al sueldo individual de cada adulto ni a un salario bruto de referencia. Además, de ese dinero todavía deben salir el alquiler o la hipoteca, la alimentación, los suministros, el transporte y las demás necesidades de cuatro personas.
Cuánto dinero al mes sitúa a una familia bajo el umbral de pobreza
El informe establece una referencia de 12.220,40 euros anuales para una persona que vive sola, equivalente a unos 1.018 euros mensuales. En el ejemplo de dos adultos y dos menores, la cantidad asciende a 25.662,80 euros al año, aproximadamente 2.139 euros al mes entre todos.
Estas cantidades permiten entender qué significa hablar de pobreza entre personas que tienen empleo. Sin embargo, superar ese umbral tampoco garantiza llegar con holgura a fin de mes, porque el coste de la vivienda y las necesidades familiares pueden dejar muy poco margen para los demás gastos.
El estudio utiliza la Encuesta de Condiciones de Vida de 2025, con ingresos correspondientes a 2024. Por lo tanto, las cantidades son las referencias empleadas en ese análisis y no un cálculo del dinero que necesita cualquier familia para vivir actualmente en todas las ciudades españolas.
Una familia con 2.000 euros: cuánto queda después del alquiler
Como ejemplo ilustrativo, una familia de cuatro miembros que ingrese 2.000 euros mensuales y pague 900 euros de alquiler se queda con 1.100 euros para afrontar el resto del mes. De esa cantidad deben salir la comida de cuatro personas, electricidad, agua, transporte, ropa, gastos escolares y cualquier imprevisto.
En ese supuesto, la vivienda absorbe el 45 % de los ingresos familiares antes de pagar los suministros. El ejemplo no representa un alquiler medio en España, pero muestra cómo un hogar puede mantener sus pagos al día y, aun así, tener dificultades para cubrir otras necesidades.
La presión también alcanza a quienes viven solos, pues todos los gastos recaen sobre una única economía. Una persona que cobre 1.200 euros mensuales y destine 700 euros al alquiler, por ejemplo, dispondrá de 500 euros para el resto de sus gastos, sin nadie con quien repartir las facturas de la casa.
La vivienda empuja a otros 770.000 trabajadores a la pobreza
El análisis de Oxfam Intermón calcula que alrededor de 2,2 millones de personas trabajadoras se encuentran en situación de pobreza antes de descontar los gastos residenciales. Sin embargo, al incorporar el impacto de la vivienda, otras 770.000 personas pasan a quedar por debajo del umbral recalculado, hasta acercar el total a tres millones.
Para realizar esa comparación, la organización resta de los ingresos los pagos relacionados con alquiler, hipoteca e impuestos a la propiedad y vuelve a calcular el umbral de pobreza. De este modo, analiza la capacidad económica que conservan los hogares después de afrontar esos gastos, en lugar de limitarse al dinero que ingresan.
Uno de cada tres trabajadores que alquila queda bajo el umbral
El impacto resulta especialmente intenso entre quienes pagan un alquiler a precio de mercado. En ese grupo, la tasa de pobreza laboral pasa del 19,35 % antes de descontar la vivienda al 34,08 % después de hacerlo, lo que equivale aproximadamente a uno de cada tres trabajadores.
Por otra parte, la proporción después de afrontar los gastos residenciales se sitúa en el 10,22 % entre quienes pagan una hipoteca. Entre las personas que tienen su vivienda completamente pagada alcanza el 7,95 %, una diferencia que muestra el peso del alojamiento en las cuentas familiares.
El informe señala así una dificultad que no siempre se refleja en las cifras de empleo: tener trabajo y conseguir pagar un techo no significa disponer de recursos suficientes para todo lo demás. Para muchos hogares, el problema aparece precisamente después de abonar la mensualidad, cuando toca repartir el dinero restante entre las necesidades del mes.

















